19 de noviembre de 2017, La Habana

Los aportes, presencia e influencia de la cultura abakuá en el arte y la literatura cubanos

4 de septiembre de 2009
Tato Quiñones
Transcripción de la conferencia ofrecida a propósito de la exposición Nkame, septiembre de 2009

Impactado fue a mi casa para decirme que tenía que ver la exposición que había en la casa de cultura de Alamar. Fui y me impresionó mucho. En un principio fue desconcertante, fue insólito que alguien hubiera podido llevar la esencia y fundamentos de esta cultura a una obra. Siempre pensé que Belkis tenía que ser hermana de ñáñigos, esposa o novia de ñáñigos, hija de algún ñáñigo. Sin embargo, cuando la conocí, no recuerdo ahora exactamente la fecha, supe entonces que nada más lejos.
Las referencias que ella tenía sobre ese mundo, sobre esa cultura eran impresionantes, y llegaron a Belkis de manera bibliográfica, todo lo que conocía, y conocía bastante, fue pura lectura y dedicación a esta cultura.
Recuerdo que una vez participó en una ceremonia de Llanto, fue a verme y la vio desde el patio. Belkis persiguió a sus legendarios personajes en ceremonias de iniciación, de consagraciones, de sacrificio y muerte. Participó en los “llantos”, ceremonias de quienes tienen verdaderos sentimientos abakuá, no son festivas, son ceremonias que se hacen verdaderamente con el corazón.

Poco después tuve la oportunidad de conversar con ella, y no me quedó muy claro, pero tuve la impresión de que aquello visto en vivo no le sirvió a su mundo interno, a ese mundo que se había creado con la lectura. Nos seguimos viendo, y siempre era muy agradable el encuentro, mantener al menos una pequeña y fugaz conversación con ella.

En homenaje a esa artista para nada pretendo interpretar y mucho menos explicar sus cuadros, ahora recuerdo una frase de Picasso que decía: “todos aquellos que intentan explicar los cuadros siguen caminos equivocados”. Además, yo siento la obra de Belkis muy profundamente, y los sentimientos se sienten, no se explican bien.

Siendo una sociedad secreta, oculta, la cual, durante buena parte de su existencia, ha tenido que sobrevivir de manera clandestina, desde los 80 del siglo XIX aparecen las primeras obras en las que se ve reflejada nuestra cultura.
La primera obra literaria con influencias ñáñigas fue Manga mocha, un triángulo amoroso donde la muerte, la violencia y la desesperación se dan cita. Más tarde se publica Las memorias de Ricardo, la cual narra la historia de una familia cubana blanca de cierto nivel económico. El autor describe en su obra las vicisitudes y obstáculos que enfrenta esta familia. Desde entonces se muestra cómo eran las relaciones de los ñáñigos blancos y negros de la época.
En 1908 Rafael R. Monteagudo, inspector de la policía colonial, publica La policía y sus misterios en Cuba, con sus experiencias en este sector. En  el libro el autor le dedica un profuso capítulo a la brujería y al ñañiguismo, y nos ofrece una visión policíaca desde el punto de vista de un represor ferviente del ñañiguismo, que lo fue.

Un poco más tarde Fernando Ortiz publica lo que sería una obra fundacional, Los negros brujos, el primer estudio de la presencia africana en las artes cubanas. Ortiz fue el autor de numerosos artículos y publicaciones en variadas revistas sobre el ñañiguismo. Preparó también un libro que nunca se llegó a publicar, que es a mi entender un texto valiosísimo, pues es donde por primera vez se hace mención de la religión de los orishas en Cuba, con cierto conocimiento de lo que se está diciendo, con cierto nivel de investigación y estudio del tema que se está tratando. En él se hace mención a Changó, a la cadena de adivinación, con los errores y disparates perfectamente comprensibles de aquel momento.

Tanto desde la novela de Montenegro, como la de Carpentier, en el caso de Carpentier desde el título de su obra Ecue Yambao está haciendo referencia directa al mundo del ñañiguismo, que conoció cuando estuvo preso en La Habana por sus actividades antimachadistas, se refleja el mundo de la marginalidad, de la violencia, de la delincuencia que rodea el mundo ñáñigo de la época.

En este sentido, a lo largo de los años 40 del siglo pasado, un escritor, Gerardo del Valle, hizo público en la revista Carteles una serie de relatos ñáñigos, siempre atravesados por la violencia, la venganza y la irracionalidad.
Estos relatos comenzaron a verse reflejados en la obra de muchos escritores, para 1967, en el primer Concurso David, el Premio de Cuento le fue otorgado a Luis Manuel Sáez, con un libro que contenía seis o siete relatos breves entre el que se encontraba “El iniciado”, cuento también que le da título al libro, y que tiene mucho que ver con la cultura abakuá, la violencia, siempre con algún muerto en la historia, esa fue la visión de esta cultura que siempre se tuvo.
Tal es así en Cuando la sangre se parece al fuego, de Manuel Cofiño, en el cual el autor da vida a personajes ñáñigos como Anselmo, que evoca un pasado de violencia muy fuerte, sin embargo, en tanto dejaba cada vez más atrás su pasado de ñáñigo y de violencia, se insertaba un poco más en la sociedad cubana en que vivía. Esta fue también la época en Cuba del ateísmo científico y de las tensas relaciones entre el gobierno y la cultura ñáñiga, cuando se prohibió celebrar incluso ceremonias de iniciación.

Hace ya unos años, escribí y publiqué un relato en el que cuento la historia de Felipe Espinola, un personaje muy conocido en Matanzas, organizador de comparsas, tocador de claves, obrero portuario, talabartero que, según los que lo conocieron, pertenecía a la cultura ñáñiga.

Y así, llegamos una vez más a Belkis y a su obra, la primera mujer después de María Teresa Vera que asumió de manera artística y creadora este mundo.
Belkis logró retratar nuestra cultura, ella es la pintora de la esencia abakuá. Lo esencial y fundamental para los ñáñigos es el ekue, y esto es algo que está con una fuerte presencia en su obra, así la exposición Nkame nos lleva junto a Belkis en un mágico recorrido por el mundo del ñañiguismo.


Transcripción de la conferencia ofrecida a propósito de la exposición Nkame, septiembre de 2009

El ñañiguismo y su influencia en la sociedad tuvieron también una fuerte presencia en la música cubana. Las rumbas, los sones eran los géneros musicales donde más presente estaba la cultura abakuá. Hubo un número, tengo entendido es de los primeros que existió, de Ignacio Piñero cantado por María Teresa Vera, una canción fenomenal, pues logra reproducir exactamente la clave ñáñiga con cuerdas y con unas claves.
Resulta interesante que Ignacio Piñeiro perteneciera a una sociedad abakuá habanera, y el hecho imperdonable de poner en voz de una mujer el Nkame abakuá, fue motivo por el cual fuera sancionado y separado de esta sociedad. Ricardo Abreu, Papín, fue también un alto exponente de la cultura abakuá en la música cubana.

En la plástica, el tema de la cultura abakuá se ha visto reflejado en innumerables obras de artistas muy importantes de las artes cubanas. El primero fue Víctor Patricio Landaluce, siempre pensé que él tenía que ser abakuá —y creo que perteneció a una institución ñáñiga en su momento— por la fidelidad con que representó esta cultura en sus obras.
A lo largo de todo el siglo XX muchos pintores cubanos asumieron el tema del ñañiguismo: René Portocarrero, Víctor Manuel, Mariano Rodríguez llevaron a su obra muchos de los elementos de esta cultura. Nadie ha captado mejor la gestualidad del diablito abakuá que Mariano Rodríguez, y fueron muchos los que lo representaron en sus obras. Wifredo Lam también representó magistralmente nuestra cultura, disolvió en esa fabulosa síntesis de lo cubano que es su obra, el ñañiguismo.

Y así, llegamos una vez más a Belkis y a su obra, la primera mujer después de María Teresa Vera que asumió de manera artística y creadora este mundo.
Belkis logró retratar nuestra cultura, ella es la pintora de la esencia abakuá. Lo esencial y fundamental para los ñáñigos es el ekue, y esto es algo que está con una fuerte presencia en su obra, así la exposición Nkame nos lleva junto a Belkis en un mágico recorrido por el mundo del ñañiguismo.

 

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